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Una mirada desde el otro lado

¿Paciencia?

La tengo


¿Escucha?

La tengo


¿Contención?

También la tengo.


Sin embargo, cuando es necesario, también he tenido llamadas de atención. No pongo regaños porque mi terapeuta no es ni mi nana ni mi mamá. Su función es más de guía y acompañamiento cuando las cosas no marchan bien... Incluso, cuando marchan bien, su trabajo ha sido tan excelente que me ha ayudado a que marchen mejor.


Toma apuntes y asiente. A veces pregunta...

Parece que todo es tan fácil.


Y es que, desde que tengo memoria, he disfrutado la experiencia de ir al psicólogo, porque, de más pequeño, sentía que era una hora de plática con alguien adulto diferente a mí. Era como un amigo más grande que me daba consejos para resolver los problemas que se me presentaban.


En la mayoría de las ocasiones, me he considerado un tipo pensante. Alguien que piensa, y hasta de más, antes de ejecutar aquello que tiene que hacer. Eso, en muchas ocasiones, le causa a mi cerebro tanto estrés y agotamiento que decide mandarme muy lejos y entonces, paradójicamente, comienza a actuar por impulso y sin pensar... y me mete en bastantes problemas.


En el momento en el que llegué con Adriana, ya como un adulto, seguí con la inercia del impulso, pero sus intervenciones fueron como un metrónomo que dictaba algunos tiempos:


No dejé de pensar al mil por hora, porque así es mi personalidad, PERO SÍ qué le agregué el componente del sentir.


Despacio. Poco a poco; momento a momento.


  • Ahora ya siento mucho más y me resisto cada vez menos... PORQUE SU MANO AHÍ ESTÁ.

  • Ahora ya soy más análisis y menos impulso... PORQUE SU MANO AHÍ ESTÁ.

  • Curiosamente soy menos parálisis por análisis y más acción... PORQUE SU MANO AHÍ ESTÁ.

Y así podría seguir sin parar, pero no acabaría pronto.


Sin duda, la profesión de un psicólogo no es nada fácil, pues el compartir tu energía durante el día, oyendo, intercambiando puntos de vista y proponiendo soluciones a los problemas de tus pacientes debe de dejarte exhausto.


Más faltaría que intentara descifrar la manera en la que Adriana hace fácil lo difícil. Primero, porque no tendría las herramientas y segundo, porque sería una visión muy simple de todo el trabajo que tiene detrás y del cual, en muy poca medida, he sido testigo.


Aunque, gracias a esos momentos de aprendizaje, te puedo compartir dos de las claves de su éxito:

  1. Sé una buena persona. La vida, tarde o temprano, te va a pagar de regreso. Y te va a pagar bien, mejor de lo que esperas

  2. Disfruta tanto lo que haces y brinda todo de ti... Tanto que el qué esté enfrente de ti, se inspire y no tenga más remedio que intentar replicar lo mismo en las áreas de su vida

¡Tal y cómo me ha pasado a mí cada vez que salgo del lugar en dónde sucede la magia!


Por eso y muchas otras cosas, solo puedo decir:


Gracias


Gracias por ser; por estar; por compartirte; por ayudarme e inspirarme a ser mejor desde el rol que te toca.


¡Sigue impactando vidas y ayudando a la gente para que este mundo sea un lugar mejor!


Feliz día del psicólogo


Atentamente:

Tu paciente






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